Gestión emocional en el colegio

Si eres maestro seguro que te has vivido en el aula situaciones de conflicto o situaciones difíciles ¿Qué has hecho? ¿cómo has hablado a tus alumnos? ¿has aplicado tu inteligencia emocional?

Yo utilizo la metáfora de deshojar una margarita (con velcro), introduciendo así algo de mindfulness. Esta herramienta consta de seis pasos, o seis pétalos.

El primer paso, al que llamo “oler la margarita”, consiste prácticamente en eso, en tomarse treinta segundos para respirar y hacer una exploración corporal, sobre lo que está sucediendo. En esta parte el maestro debe ser empático, liberarse de prejuicios y llenarse de aceptación, ¿cómo en concreto? Muchas veces con una presencia activa y en silencio es suficiente, sostener la emoción que se presenta. En otras, una frase basta: “entiendo que estés disgustada/enfadada”, siempre sin “pero”, ya que anularía todo lo dicho anteriormente.


Después pasamos a “la expresión objetiva”. Animar al alumno a expresar de forma objetiva lo que ha sucedido. Pongamos como ejemplo que no dejan a Ana jugar a balón prisionero, y esta disgustada por ello. Justo esto sería la información objetiva: “El grupo que está jugando a balón prisionero no me dejar jugar”.


Se inicia el paso tres y cuatro, donde el maestro debe respetar lo que el alumno piensa y siente. “cuando…” en este caso "no me dejan jugar".

- Lo que pienso: (podemos encontrar mil) Cuando no me dejan jugar al balón pienso que no quieren jugar conmigo/que no quieren ser mis amigas…

- Lo que siento: Cuando no me dejan jugar al balón me siento rechazada, triste…


Incluso a los adultos nos pasa, ¿qué sucede cuando algo no te sale bien? ¿cómo te hace sentir? ¿y cuando el coordinador recrimina tu trabajo? ¿cómo te sientes cuando otros profesores inician una actividad sin ti? Estas situaciones son las que viven los alumnos, pero dentro de su propia realidad.


Al verbalizar lo que piensas o sientes, todo se va calmando y tus ideas se van ordenando. Debemos tomarnos un tiempo para cada uno de estos pasos, y llegar de la forma más serena posible al paso quinto, “la resolución”. El maestro u orientador debe intervenir para guiar en las conclusiones que puedan sacar, mediante preguntas para evitar influenciar. ¿Qué necesitas? ¿Crees que puede haber alguna otra razón? ¿Te ha pasado alguna vez al revés? ¿cuáles fueron tus razones? ¿Puedes hacer algo para resolverlo? ¿qué vas a hacer?...


En este punto es posible que el alumno se sienta más tranquilo, y lo más importante, aceptado y escuchado. De modo que pasamos al sexto y último paso, “el agradecimiento”, debemos valorar que el alumno haya confiado en nosotros, así que debemos reflejarlo, "gracias por contármelo", "gracias por haber confiado en mi"...


Esta es una herramienta muy sencilla que muestra a los alumnos los pasos para una sana gestión emocional, proporciona a las aulas un sano equilibrio y por lo tanto una reducción de los conflictos, la tensión y el estrés.


Cuando desarrollamos la capacidad de la inteligencia emocional, puedes aplicarla con naturalidad en tu vida diaria. En el artículo Ejercicios para desarrollar la Inteligencia emocional se profundiza en qué es y cómo desarrollarla.

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